El Nacionalismo hoy, ¿vale la pena? de Felisa Rodríguez Rodas

Publicado: marzo 9, 2009 en General

La época histórica que nos toca vivir nos integra a un mundo cada vez más globalizado, en el cual, poseer o hablar un solo idioma nos compromete casi como analfabetos en una sociedad pluralista, donde las comunicaciones tanto se han agilizado, exigiendo a las personas una información actualizada para no vivir “fuera de su mundo”.

Ante este hecho, ¿qué valor adquiere el nacionalismo? Analicemos lo que esto es. Según el Dr. Bacón Duarte Prado, “el nacionalismo un estado del espíritu individual y colectivo, que suscita la presencia histórica y actual de esa realidad natural y cultural de denominarnos nación”. La nación es una comunidad en la cual concurren varios factores y circunstancias de orden cultural y material, que fungen como elementos vinculativos, otorgando a sus componentes una cohesión suficientemente fuerte como para ser mantenida a lo largo del tiempo y suscitar igualmente una común conciencia de identidad y de responsabilidades respecto del presente y del futuro.

Confrontando nuestra actitud de paraguayos con lo mencionado antes: ¿podemos hablar de una nación paraguaya? Sabemos que los elementos que conforman una nación constituyen: el territorio (que como en el caso de la nación judía, no es fundamental), un lenguaje común, un tronco racial común, historia y tradición compartida, conciencia de constituir una unidad sociocultural, hábitos y costumbres semejantes, y reconocimiento de los mismos valores éticos, estéticos, jurídicos y religiosos. ¿Reunimos en el Paraguay todos estos requisitos? La historia nos ha demostrado a través de los siglos el valor y la fuerza de la concurrencia de todos estos factores. Atenas, siendo vecina y rival de Esparta, ha desarrollado caracteres nacionales bien peculiares y diferenciados, mientras Esparta se enorgullecía de su carácter de pueblo guerrero, militarizado, estoico, soportando durezas el cuerpo, Atenas se ha destacado por el cultivo de las ciencias y las artes; reverenciando los valores del espíritu como fundamento existencial. Los fenicios han cultivado el comercio “como término ideal de sus afanes”, convirtiéndose en agentes de activo intercambio cultural entre los pueblos del Mediterráneo, y Roma que dio vuelo a sus aspiraciones de grandeza, conquistó pueblos y territorios, organizó la vida ciudadana y política y elaboró el Derecho.

Los gitanos con su sello de pueblo errante son identificados en cualquier país por su arte, sus costumbres o su forma de expresión… Ni siquiera hablar de la nación judía que habiendo sufrido una “diáspora” tras otra, se conserva firme y fuerte en su fe, sus tradiciones, la reconstrucción del país en el pequeño territorio recuperado a fines de la segunda guerra mundial.

La Nación se nos presenta como una vigorosa voluntad plural que se afirma en el ser de la comunidad y en la decisión continuada de seguir siendo como es y aun, de ir perfeccionando ese modo de vida, mejorándolo en todos los aspectos susceptibles de serlo para la mayor felicidad de sus componentes.

En el Paraguay, vemos que el nacionalismo es un aspecto que pierde valor día a día; en el contexto de las naciones nos perdemos en el anonimato, pues si vamos a Méjico, volvemos convertidos en mejicanos; si a la Argentina, aunque no hayamos pasado de Posadas, regresamos tan aporteñados que sólo por la incorrección del lenguaje se puede detectar la falta de originalidad.

Como es obvio, el pensamiento debe posarse primariamente en el entorno físico para luego proyectarse en el entorno social y espiritual. El pensamiento en sus primeras etapas es utilitario, funcional, vital, como instrumento de supervivencia; luego la evolución y el desarrollo permite asumir un sentido universal; recién en este segundo momento se eleva al grado de abstracción necesario para superar el localismo y elevar su vuelo a extensiones insospechadas.

“Y hay que entender que cuanto más alto haya sido el vuelo del pensamiento, éste estará en mejores condiciones de ocuparse de las cuestiones emergentes del propio ambiente; de redescubrir su propio universo local, enclavado entre las fronteras de la Nación… El mejor conocimiento de lo universal y genérico, se obtiene partiendo de la realidad inmediata en que se ubica el pensador, el hombre de ciencia o el artista”.

Claro ejemplo de lo expresado constituyen hombres paraguayos que han recorrido con éxito el extranjero, se han destacado en su clara identidad nacional y han regresado al país para honrarlo y enaltecerlo con su valiosa contribución desarrollista. No quiero citar nombres porque puedo pecar de graves olvidos o desconocimiento.

También es importante comprender que el nacionalismo no es una caja con moldes exclusivos y llave, para encerrarse en ella y permanecer estático. El nacionalismo debe darnos la esencia de nuestro ser, como sustancia capaz de evolucionar y perfeccionarse, librada a su propia dinámica creadora; ser eminente protagonista de la historia respetando su autenticidad, su carácter y singularidad. El nacionalismo alienta la incorporación de valores culturales universales, en función del hombre paraguayo y de su medio (no al revés) en la medida en que puedan ser adaptados y asimilados, sin desmedro de su originalidad y de su espontaneidad creadora.

Creo que una pequeña dosis de nacionalismo nos ayudará a tener una sociedad más perfecta; con funcionarios menos corruptos, docentes más voluntariosos, campesinos que amen y cultiven la tierra para el bien de todos; consumidores que paguen precios justos por el fruto del sudor que consumen; autoridades más preocupados por sus responsabilidades, una manifestación de fe más auténtica y vivencial; y una serie de beneficios que pueden surgir de la autenticidad paraguaya.

Este artículo fue escrito por Felisa Idolina Venancia Rodríguez Rodas

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comentarios
  1. Aureliano Medina dice:

    Muchas gracias por la oportunidad. La verdad que es para reflexionar y tratar de amar a la patria… No fanatizarse, pero sí entregar un poco de cada uno para el bien de todos… Fuerza y saludos.
    Disculpa que no conteste antes, estaba con tan poco tiempo…

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