Siempre desde pequeño me fascinaron los profesionales, que laburan día a día en lo que saben hacer. Y más aún aquellos que revolucionaron en su campo. Hace dos años veía muy muy lejos este momento. Momento en el que de verdad debo tomar las riendas de mi vida, y decidir a donde ir. Pensaba siempre que Dios me llamaba al servicio a los demás, hasta que me puse a pensar que en realidad Dios nos llama a todos a servir a todos. Nos llama a coleccionar sonrisas y no dinero.
Como Dios nos llama siempre a ello, lo podemos hacer haciendo lo que sea en cualquier circunstancia. Si elijo la arquitectura servire a mis albañiles, si soy dentista a mis pacientes…y así.
Bueno, dado mi historial, y lo que pude descubrir de mi y el mundo durante mis pasantías en el técnico en salud, adopto como herramienta para servir: a la carrera de medicina.
Sé lo sacrificado que es este camino, pero como la historia indica: “el camino sacrificado es el camino de los campeones”. Es el camino de los que dejan huellas positivas en el mundo. Es el camino de los revolucionarios de la sonrisa. Es el camino de los que eligen luchar. Es el camino que decidí tomar.
Y te aliento a vos a que elijas el camino del servicio. No importa que religión seas. Ni de que color o nacionalidad. El camino del servicio no es uno que lo tomas durante 5 u 10 años, sino es el camino de toda tu vida. Es un compromiso para contigo y los que te rodean. Es una lucha constante. En mi propia casa ya es difícil, pero lo sigo intentando cada día. Muchos no entienden esto, y lo toman como una filosofía más o -como dije en mi “Compromiso Guaraní”- una especie de filosofía Zen.
No amigo/a es una decisión que lo tomas desde adentro y lo construyes segundo a segundo en cada circunstancia. Por que lo más honorable y hermoso que puede pasarte alguna vez es morir salvando a otra persona. Entregando todo por otra vida.
Y esto no es interponerse ante una bala u algo así, sino influenciando positivamente a las personas con una buena sonrisa hasta la muerte. Es difícil verdad? No te tienta el desafío?
SEAMOS PARTE DE LA REVOLUCION DEL SERVICIO Y LA SONRISA!
Ayer salí bien temprano de casa a hacer algunas gestiones. Era un día inusual. El día anterior aconteció una gran tormenta y el día amaneció –como han de suponer- un tanto húmedo y sombrío. Por ello, decidí prender las luces durante todo el camino. Cuando terminé todo, me fui de visita a la casa de mi abuela. Conversé como 40 minutos con ella, luego me despedí, subí al auto y note que el sistema eléctrico del auto hacía un extraño ruido. Cuando me di cuenta, ya era tarde; habría dejado las luces prendidas. Llame a mi primo de 8 años y le pedí que me diera una mano para maniobrarlo hasta una bajada. Logramos que el auto vaya unas 5 cuadras pero aún así no encendió. Después de esto, paré el auto en una esquina y me resigné a buscar algún mecánico. Pero justo cuando iba a hacerlo, apareció un buen hombre con su pequeño hijo que sin conocerme me prestó muchísima ayuda. Trajo los cables para acoplar baterías, y yo traje el auto de la abuela. Pensé que arrancaría al instante pero no lo hizo, el acoplador no hacía contacto, y en eso apareció otro hombre desconocido con un cuchillo y se lo dio y así pelamos los cables y lo encendimos. Les ofrecí llevarles a su destino en señal de agradecimiento, lo aceptaron luego de larga insistencia.
Mi ángel de la guarda realmente es un capo, no me falla una. Ayer me mandó a dos buenas personas, y de eso no hay duda. Todo esto que me pasó por más pequeño acontecimiento que haya sido influyó en las vidas de muchas personas, y por lo que veo de manera muy positiva. El niño que acompañaba a l señor y mi primo aprendieron una gran lección: “Siempre que alguien necesite ayuda, es una gran oportunidad de servir”. Les aseguro que nunca olvidarán que un día un señor ayudó a un desconocido, simplemente porque este necesitaba ayuda. Esto es lo que amo de esta bendita tierra guaraní, que siempre podemos contar con que alguien aparezca y nos ayude abnegadamente.
Servir hasta morir. Si antes de morir existiese al lado mío alguien a quien pueda hacer sonreír, juro que lo haré.
Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.
Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.
Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.
Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.
El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.
Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.
Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.
Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca.
Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable.
A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.
A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino.
Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.
Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.
Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares.
Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.
Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.
Esta es vuestra victoria.
Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí.
Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.
Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.
Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.
El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.
Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.
Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.
Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal.
Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.
Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.
Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.
En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.
Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.
Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.
Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.
Y a aquellos estadounidense cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.
Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.
A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.
Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.
Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos. En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes. Sí podemos.
Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada. Sí podemos.
Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: “Lo superaremos”. Sí podemos.
Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.
Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.
Sí podemos.
Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?.
Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento.
Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza. Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.
Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.”
LETRA DE LA MUSICA “YES WE CAN”
It was a creed written into the founding documents that declared the destiny of a nation.
Yes we can.
It was whispered by slaves and abolitionists as they blazed a trail toward freedom.
Yes we can.
It was sung by immigrants as they struck out from distant shores and pioneers who pushed westward against an unforgiving wilderness.
Yes we can.
It was the call of workers who organized; women who reached for the ballots; a President who chose the moon as our new frontier; and a King who took us to the mountaintop and pointed the way to the Promised Land.
Yes we can to justice and equality.
Yes we can to opportunity and prosperity.
Yes we can heal this nation.
Yes we can repair this world.
Yes we can.
We know the battle ahead will be long, but always remember that no matter what obstacles stand in our way, nothing can stand in the way of the power of millions of voices calling for change.
We have been told we cannot do this by a chorus of cynics…they will only grow louder and more dissonant ……….. We’ve been asked to pause for a reality check. We’ve been warned against offering the people of this nation false hope.
But in the unlikely story that is America, there has never been anything false about hope.
Now the hopes of the little girl who goes to a crumbling school in Dillon are the same as the dreams of the boy who learns on the streets of LA; we will remember that there is something happening in America; that we are not as divided as our politics suggests; that we are one people; we are one nation; and together, we will begin the next great chapter in the American story with three words that will ring from coast to coast; from sea to shining sea –
Paseando por la red encontré este link de la revista LIFE, en el que publica una serie de fotos de sus archivos, entre ellas unas cuantas de Paraguay. Aquí publico algunas. Per pueden ver más AQUí!.
La Calle Chile en ella podemos observar la incesante actividad del Centro de Asunción. Así como vestigios de una dura época Stronissta.
Fotografía tomada por Frank Scherschel.
Fotografía tomada por Leonard Mccombe en el año 1964. probablemente sea el Mercado 4.
Fotografía tomada en octubre de 1959 por Frank Scherschel.
Fue tomada el día 18/01/2009 a las 00:20:52. F 10, 1/6s. Iso 100
Fue tomada el día 17/01/2009 a las 17:36:34. F4, 1/4s. Iso 125 Corresponde al Salto Guaraní. En una reserva forestal del Paraguay. Para llegar hasta este lugar uno debe caminar 1 km en el monte, en medio de divertidas dificultades.
Siempre al elegir un DVD que ver tardo un buen tiempo, porque siempre procuro que esa inversión de 2 o más horas de mi vida valga la pena y me construya para bien. Al rondar por los pasillos del DVD Club, me fijé en una película cuyo título me atrapó: “Escritores de la Libertad”; al leer la sinopsis enseguida pude darme cuenta de cuan espectacular resultaba la historia y más aún porque esta es real.
Esta es una de esas películas que me ha sacado lágrimas del corazón, porque nos muestra como una persona influye positivamente de forma altruista y abnegada sólo porque quiere que esas personas que hoy se encuentran “perdidas” encuentren un sentido a la vida, sólo porque quiere que crezcan.
Como todo en la vida hasta ahora me lo ha demostrado, el único camino a la felicidad es el servicio a los demás, es amor, y el amor nos acerca a Dios. No existe en el mundo algo más conmovedor que ver a una persona sacrificandose de manera humilde por los que ama. Jesús!
Recomiendo 100% esta película. Aveces cuando vemos cosas o nos pasan cosas que nos conmueven solemos prometernos metas para cambiar, lo intentamos y despues de un tiempo nos cansamos y lo dejamos de lado. A todos nos paso eso decenas de veces, pero vale la pena mejorar nuestras vidas. No importa que seamos jóvenes o muy viejos, hasta después de muertos seguimos influenciando en las personas. Y cuanto más ayude nuestro ejemplo a otras personas , “nuestra influencia”, estaremos mucho más cerca de Dios, y de la eterna felicidad.
Abajo una pequeña sinopsis de la película:
“Escritores de la Libertad” está basada en la historia real de la maestra Erin Gruwell (Hilary Swank), cuyo primer trabajo como maestra en una peligrosa preparatoria de Los Ángeles (en la época de los disturbios raciales ocasionados por el incidente de Rodney King) la puso en contacto con jóvenes cínicos y agresivos que veían la escuela como una pausa fugaz entre sus guerras étnicas y vidas criminales.
Sin embargo, a base de tenacidad y buenas ideas, Gruwell encontró el modo de interesar a los jóvenes en sus clases y hacerlos apreciar la educación que recibían… pero ¿sería suficiente para escapar el círculo vicioso de violencia en el que estaban atrapados desde su infancia?
Una amiga me acaba de mandar el siguiente escrito. Y con este artículo pretendo dar mi apoyo al sufrido pueblo palestino.
Todos fuimos, somos, podríamos ser execrados por alguna imaginaria pertenencia étnica o alguna verídica adscripción cultural o política y seleccionados por ella para el gueto, el campo de exterminio, el Holocausto.
Todos fuimos, somos, podríamos ser vejados en nuestra propia tierra, discriminados en nuestra cuna, heridos constantemente por la mirada, la pedrada, el culatazo, el escupitajo de quienes se creen superiores por ser distintos y distintos por ser bestiales.
Todos fuimos, somos, podríamos ser expulsados de nuestro país y reducidos a hileras de pasos que deambulan de uno a otro campo de refugiados sin más horizonte que el alambre de púas.
Todos fuimos, somos, podríamos ser el hambre sin pan, la sed sin agua, la intemperie sin paisaje, la memoria sin recuerdos, la enfermedad sin medicina, la herida sin venda, la quemadura sin analgésico, la amputación sin anestésico, el dolor sin justicia, la muerte sin sentido.
Todos fuimos, somos, podríamos ser víctimas de la limpieza étnica, de los bombardeos contra la población civil, de las bombas de racimo, de la fosa común, de las guerras relámpago que oponen nuestra carne a los carros blindados y nuestros ojos a la invasión de la muerte.
Todos fuimos, somos, podríamos ser los huérfanos, los deudos, los sobrevivientes, los solitarios, los acorralados, sin más compañía que el recuerdo, sin más familia que la lágrima ni más hijo que el alarido ni más hermandad que el desvelo.
Todos somos, podríamos ser, fuimos, los amedrentados por el alarido de las sirenas y el anonimato de las maquinarias de la guerra, los soldados desconocidos, las bajas estimadas, los cuerpos contados o las tumbas sin nombres.
Todos somos, podríamos ser, fuimos, Noche y Niebla, pero también Plomo Fundido.
Todos fuimos, podríamos ser, somos, los culpables de vivir, los ejecutados por el crimen de tener razón, los muertos en aras del espacio vital, los sentenciados por los dividendos, los condenados en las rebatiñas por la energía fósil, los degollados en nombre del Dios del Amor, los satanizados por lo medios, los agredidos representados como agresores, los borrados por el eufemismo, los daños colaterales, los desechables, los prescindibles.
Todos fuimos, somos, podríamos ser los monstruos que ejecutan las atrocidades o que dicen vengar atrocidades cometiéndolas contra inocentes o las consagran con la indiferencia, la inactividad, la pasividad, la complicidad, el silencio. Para ver más fotos de la guerra:
Les deseo un año excelente, personalmente para mi se viene con todo. Una etapa nueva a la que tengo que sobrevivir.
Que este año sea realmente provechoso!